Confucio y Lao-Tsé

CONFUCIO
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Aspecto histórico

Lao Tsé: Nació en el año 604 antes de nuestra Era en la actual provincia de Honan, situada en la región más meridional de la China. Su apellido era Li, su nombre Erl, su nombre de erudito fue Be Yang (Conde Sol). En forma póstuma recibió el nombre de Dan o Tan, que significa Anciano Maestro.De él cuenta la leyenda que estuvo 80 años en el seno materno y que al nacer tenía ya el pelo blanco, por lo que nunca fue niño y vino al mundo lleno de sabiduría.
El país estaba dividido en innumerables Estados y Lao-Tsé fue alto funcionario en la corte de Tchou. Se cuenta que vivió 200 años y su muerte, siempre según la leyenda, fue misteriosa. Había realizado un viaje hasta el Tibet y al cruzar la frontera el aduanero Yen-Hi le pidió que le enseñara la verdad y la sabiduría. Entonces Lao-Tsé escribió para él un precioso libro llamado Tao-Te-King, el Camino de la razón y de la virtud, que contiene sólo 5.000 palabras, las suficientes para enseñar al hombre todo lo que ha de saber para ser feliz eternamente. Una vez entregado el libro al aduanero, Lao-Tsé empezó a caminar en dirección a las cumbres y nunca más se ha sabido de él.

Confucio: Nació en el 550 AC en Tsou, pequeño estado feudal de Lu, en el sudeste de la actual provincia de Shantung (en el nordeste chino). Se afirma que descendía de la familia real de Shang, que constituyó la segunda dinastía china. Su padre fue el gobernador de Tsou a la edad de setenta años y se había distinguido en empresas militares.

Los primeros misioneros jesuitas derivaron la forma latinizante Confutius y Confucius hasta llegar al “Confucio” de hoy. El nombre proviene de Kun-FuTzu o Maestro Kung.

Confucio vivió durante la dinastía Chou (1100 a.C. a 256 a.C.). El sistema político de la época se basaba en el feudalismo sorprendentemente similar al de occidente medieval. Los señores feudales se negaban a obedecer al poder central que se volvió cada vez más débil. En estas circunstancias, aparece la figura de Confucio.

Confucio buscó una forma de restaurar el orden cultural y político. Él creía que la reforma vendría educando a los líderes en los clásicos y en la filosofía de él. Por lo tanto, buscó una posición de influencia política desde la cual pudiera implementar sus principios

 

Doctrina

Lao Tsé: Se atribuye, pues, a Lao Tse el Tao-Te-King, «el libro (clásico) del Tao y su Virtud». Tao es ya por sí mismo un ideograma chino difícil de traducir; tiene sentido de camino y está compuesto por los signos: cabeza y marchar (una cabeza que avanza por un camino). Su doctrina, más que una religión, es una especulación filosófica acerca de la causa primera y de su acción en el mundo.

Lao Tse describe al hombre perfecto, santo, sabio; su primera virtud es imitar la conducta del Tao; tiene que ser humilde, modesto, sin ambición; su regla principal es el wu wei: no actuar, no intervenir, dejar a las cosas seguir su curso natural porque la naturaleza, en el Tao, es divina, la madre de todo y de todos. Lao Tsé no se preocupa de política como Confucio, que buscaba la formación de sabios y hombres perfectos destinados a ocupar un puesto de ministro o de consejero cerca del soberano; el ideal humano del Tao es el de no intervenir.

El mejor gobierno es el ejemplo de la personalidad moral del gobernante; es aquel en el que el pueblo no advierte estar gobernado, el que cree hacer su voluntad

La ética de Lao Tsé es individualista, no se preocupa de las virtudes sociales y subjetivas; lo malo es lo artificial, lo cultivado, lo que deforma el Tao; hay que volver a la inocencia y sencillez primitiva, seguir la Virtud, el Te, del Tao, única virtud eficaz.

Lao Tsé se mantuvo en el terreno de lo humano. En Tao y en Te está implícita la pregunta. ¿Cómo conozco la Naturaleza del mundo?. El conocimiento del mundo es cada vez un principio general, el cual se haya también presente en el hombre que reflexiona. Lo que se conoce gracias a la experiencia, en el centro de uno mismo, (a partir de la luz interior, como dicen los místicos) queda endeble con la condición de que se haya percibido una manera realmente pura y verdadera.

Lao Tsé toma en consideración al ” yo” puro del yo inherente del ser humano como tal. Lo importante es que el corazón esté vacío, sólo entonces pueden conocerse las grandes verdades (vacío en el terreno del conocimiento igual que en el terreno práctico). En China el concepto “corazón”, significa también un medio de contacto con el exterior, se considera un complejo sensorial, como los cinco sentidos. Para Lao Tsé es también la sede del deseo, orienta hacia fuera. El hecho de estar vinculado al mundo empírico, por medio de los sentidos y los deseos, constituye un peligro, porque ofrece una apariencia ilusoria e impide el verdadero conocimiento.

Es por eso que se deben “cerrar” las puertas, para que no entren esas impresiones generadoras de confusión. Todo saber positivo, pasa a segundo plano. Lao Tsé considera que cualquier conocimiento no es suficientemente directo. Allí donde se extingue la apariencia, se distingue más nítidamente la esencia verdadera, aquella que se eleva por encima de la cambiante rapidez de la visión sensorial.
Lao Tsé, no aspira al “conocimiento” sino a la “visión” a la “iluminación interior.

Confucio: Su máxima fundamental de conducta era: Lo que no quieras para ti, no lo quieras para los demás. La doctrina de Confucio, sintetizada en una serie de máximas morales, tendía a volver al pueblo a las viejas y ancestrales costumbres, algo rígidas, pero nobles y dignas. Confucio pensaba que si un hombre honesto y moral tuviese a su cargo el gobierno de la nación, se rodearía de hombres igualmente dignos y, por tanto, concibió la idea de educar a los príncipes que un día llegarían a ser emperadores, para que éstos, a su vez, influyesen en una corriente educativa que iría de los soberanos hacia los súbditos, y de este modo se reformaría la nación. El que ante la ganancia piensa en la Justicia, ante el peligro ofrece su vida y en la vejez no se desdice de las promesas que hizo en su juventud, este hombre puede considerarse perfecto, decía Confucio. Por esto, cuando obtuvo en el reino de Lu el cargo de ministro que anhelaba, quiso transformar el país estableciendo un minucioso reglamento que abarcaba hasta los menores detalles de la vida corriente. Nada quedaba al azar y los vasallos de Lu sabían, en todo momento, lo que podían y no podían hacer. Confucio no pensó en lo triste y aburrida que sería una existencia tan esclavizada aunque lo fuese para el bien, y llegó un momento en que dicho reino, a pesar de la buena fue de Confucio y sus sabias leyes, cayó otra vez en la inmoralidad y el filósofo se alejó apesarado de aquella provincia. Refugiado en el reino de Wei, ordenó que sus discípulos recopilaran los libros de la sabiduría ancestral china: el I- King o “el libro de los cambios de los seres”, el Chi-King o “libro de los hechos pasados”, el Li-King o “libro de las ceremonias”, etc.

El confucianismo, según enseñó su fundador, no es una religión en el sentido tradicional. Es un código ético. La cultura china estaba imbuida de la religión del animismo, la creencia de que los dioses y espíritus viven en las formaciones naturales. Junto con una cosmovisión animista, existía la creencia en el culto a los ancestros. Los espíritus de los muertos debían ser honrados y cuidados por los familiares vivos.  Sin embargo, en sus enseñanzas Confucio evitó los temas espirituales. Tenía una perspectiva humanista y racionalista. La respuesta a los problemas culturales y sociales se encontraban en la humanidad misma y no en nada sobrenatural.

Cuando contaba 72 años murió y el emperador Ts’in destruyó todo recuerdo del filósofo y persiguió a sus seguidores, pero al subir al trono imperial la dinastía Han, hacia el año 206 AC., la doctrina de Confucio fue declarada religión oficial.

El mito  relata un encuentro muy discutido entre Confucio (v.) y Lao Tse hacia 521 AC.; de las pocas palabras que cruzaron entre ellos, se deduce que los dos sabios no hablaban el mismo lenguaje. Entre Confucio, investigador en ciencia social y renovador de los ritos y tradiciones chinas para educar a los hombres, y el místico del Tao no había diálogo. Lao Tsé aconsejó a Confucio que dejase de predicar las virtudes sociales artificiales cuando faltaba la virtud fundamental del Tao (el “camino”). Este diálogo puede ser legendario y reflejar la rivalidad que siempre existió entre las dos escuelas en China; el confucianismo, orientado hacia este mundo al que quiere mejorar y dar forma, preocupándose de fortalecer el Estado y las formas de gobierno, y el Tao, más atento a la causa primera del mundo y a buscar la salvación fuera de la experiencia ordinaria en él.

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